
La historia de la Gèsa Granda
Y las aventuras de la Tasca di San Carlo
¿Dónde está?

La basílica y las familias de Canzo
La basílicade Canzo está dedicada a San Esteban, pero su fachada cuenta algo más sobre su historia. Caracterizada por un hermoso portal con decoraciones de piedra, tiene dos nichos, a media altura, que contienen las estatuas de los santos Esteban y Miró, especialmente venerados en Canzo. El refinamiento artístico tanto del exterior como del interior es el resultado de la implicación de las familias más importantes de Canzo, que financiaron la construcción de la Basílica tanto directamente como promoviendo la recaudación de fondos en toda la zona. Este vínculo también se ve reforzado por el propio San Miro: la familia Paredi, de hecho, lo considera como un pariente, ya que en vida fue conocido como Miro Paredi, nacido en el Secondo Alpe.
El bolsillo y su historia: entre la peste, el incendio y el redescubrimiento
Pero en el corazón de la parroquia de Canzo hay otro elemento de gran devoción: un " bolsillo" cargado de historia, una preciosa arqueta vinculada al gran San Carlos Borromeo, obispo de Milán. Este tesoro fue sacado a la luz hace una década por un joven sacerdote milanés, Don Cristian Pina, entre cuyos esfuerzos se incluye también la restauración de la urna de San Miró.
El protagonista de esta historia es monseñor Camillo Fino, un nombre que aún hoy resuena como el más ilustre preboste que ha tenido Canzo. Llegó en 1946 y legó al prebostazgo una extraordinaria colección de reliquias. Pero el destino de este tesoro quedó sellado por el incendio de 1970, y muchas reliquias se perdieron o cayeron en el olvido.
Llega Don Cristian Pina, un sacerdote decidido a redimir la historia. Gracias a su meticuloso trabajo, las reliquias de San Carlos Borromeo han vuelto a la luz, vinculando a Canzo con uno de los más grandes obispos de la historia de la Iglesia. Cuatro preciosas reliquias, entre ellas un cilicio, una camisa usada por el obispo y el misterioso "bolsillo" que contiene un pergamino del siglo XVII.
Fiel compañero de San Carlos Borromeo durante la epidemia de peste de 1576, el bolsillo es un símbolo del profundo amor y del espíritu de sacrificio que animaron al santo en su vida y en sus obras. Un testimonio que conmueve a quienes están en su presencia.