Un extraordinario ciclo de frescos en Bastia Mondovì
Entre los viñedos y los avellanos de la zona de Cuneo se esconde un tesoro aún poco conocido: un magnífico ciclo de frescos de 1470
¿Dónde está?

¿Qué es y dónde se encuentra el ciclo de frescos de Mondovì?
A las afueras de Bastia Mondovì, en la provincia de Cuneo, junto al cementerio y rodeada por la tranquilidad del campo, se encuentra la iglesia de San Fiorenzo. Su discreto aspecto exterior no deja entrever el tesoro que guarda en su interior. Nada más cruzar el umbral, uno queda maravillado. Uno se ve envuelto por un extraordinario ciclo de frescos del gótico tardío que cubre por completo las paredes: ¡más de 320 metros cuadrados de superficie perfectamente conservados!
Por qué es especial: una Biblia pintada en las paredes
Este extraordinario patrimonio pictórico constituye una de las «Biblia pauperum» más espectaculares del Piamonte. En una época en la que la población era casi totalmente analfabeta, las vidas de Cristo, de la Virgen y de los santos se dividían en viñetas y se disponían en franjas una debajo de otra. Los fieles podían «leer» las historias sagradas siguiendo las imágenes con la mirada, exactamente como haríamos hoy en día en un cómic. Nueve cuadros están dedicadosa la infancia de Jesús y a la vida de María, inspirándose también en los Evangelios apócrifos, con escenas tiernas y cotidianas; 21 narran el ciclo de la Pasión y la Resurrección de Cristo; 9 , las historias de San Fiorenzo, santo soldado de la legión tebana, con sus milagros y su martirio final; y 12, las de San Antonio Abad, centradas en sus luchas contra los demonios en el desierto. En el presbiterio, Cristo bendiciendo, los cuatro evangelistas, la Crucifixión y María en el trono.
Lo que no te puedes perder: el Juicio Final
Si bien cada rincón de la iglesia merece atención, hay un elemento que realmente deja sin aliento: la vasta representación del Infierno y del Paraíso. La escena del Juicio Final tiene una fuerza expresiva notable: por un lado, el orden geométrico y la serenidad de los bienaventurados acogidos en el cielo; por otro, un caótico y espantoso desfile de demonios grotescos que torturan a los condenados. Los castigos, que aplican el «contrapasso», se ilustran con un realismo ingenuo pero crudo y detallado, aunque con algunos toques de ironía, con el fin de impresionar al observador medieval y llevarlo por el buen camino.
Curiosidades: detalles tiernos o mordaces que dan vida a la narración
Son muchos los detalles curiosos que podemos observar en estos frescos: la procesión de viciosos atados a una cadena, algunos ataviados con las lujosas vestimentas de la alta nobleza, en una velada sátira social, ya que la riqueza terrenal no puede salvar de la condenación eterna; las pequeñas almas que salen de un extraño Purgatorio con forma de tablero de ajedrez; la tierna y hogareña escena en la que a la recién nacida María la bañan en una palangana y luego la envuelven bien ajustada en pañales blancos, según la costumbre de la época, y junto a ella las criadas se afanan en preparar el caldo para la madre. Pero la más curiosa de todas es la escena en la que San José se convierte en cocinero: en lugar de aparecer apartado, pensativo o dormido, aquí se le representa con un cucharón en la mano, en el acto de probar un caldo de pollo que se está cociendo en un caldero sobre el fuego, el caldo que por entonces se servía como remedio milagroso a las parturientas. Detrás de él, el encantador detalle de una trenza de ajos colgada de los palos de madera de la cabaña.
Un poco de historia de la iglesia de San Fiorenzo
La historia de San Fiorenzo está ligada a su ubicación geográfica. Surgió como una pequeña capilla rural, quizá a finales del siglo X , a lo largo de las antiguas Rutas de la Sal, arterias vitales que conectaban la llanura del Piamonte con la costa de Liguria. El constante paso de mercaderes, peregrinos, viajeros y soldados impulsó a la comunidad local a ampliar progresivamente la estructura, transformándola en una iglesia parroquial de planta cuadrada cubierta por una bóveda de crucería, lugar de descanso, oración y protección para los viajeros. En el siglo XV, la aldea de Bastia se independiza de la influencia de la vecina Mondovì y pasa a formar parte oficialmente de los dominios de la Casa de Saboya. En 1409, el feudo saboyano se confía a la rica y poderosa familia de los Della Torre. El señor local, el conde Bonifacio della Torre, decidió transformar radicalmente la capilla y contrató a los mejores pintores itinerantes del sur del Piamonte. Se encargaron de decorar las paredes algunos de los maestros del gótico piamontés: Giovanni y Enrico Mazzucco, famosos artistas locales a quienes se debe el ciclo de San Antonio; los hermanos Biazaci de Busca, célebres en los valles de Cuneo por su expresividad, y Antonio da Monteregale, autor de las escenas más dinámicas y modernas.
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